martes, octubre 28, 2003
Descontento de todos y descontento de mí mismo, quisiera rescatarme y enorgullecerme algo en el silencio y en la soledad de la noche. Almas de los que amé, almas de los que cantara, fortificadme, sostenedme, alejadme la mentira y los vapores corruptores del mundo; y vos, Señor, mi Dios, concededme la gracia de traducir algunos bellos versos, que me prueben a mí mismo que no soy el último de los hombres, que no soy inferior a los que desprecio.
